Clarín – De México a Uruguay, Ana Segovia explora «cómo vivimos en un mundo lleno de masculinidades»
El timing no pudo ser más preciso. La semana en que Donald Trump ordenó a sus tropas incursionar en Venezuela para llevarse detenido al presidente Nicolás Maduro, un artista de origen mexicano desempolvó dos videos producidos por la Oficina de Asuntos Interamericanos de los Estados Unidos fundada en la década de 1940 como materia prima para su obra.
Ana Segovia llamó The Office of Inter-American Affairs Presents: Uruguay a la exposición que abrió la temporada 2026 de la Fundación Cervieri Monsuárez, en el exclusivo balneario de José Ignacio de Punta del Este, con una llamada a revisar las formas diversas en que el expansionismo de Estados Unidos sigue manifestándose por diversos medios hoy.
Curado por la mexicana Magalí Arriola, ex directora del Museo Jumex, el proyecto de Segovia es el tercero que la fundación desarrolla desde cero y en relación con el entorno. El resultado, cuatro enormes pinturas recuperan imágenes de los gauchos uruguayos presentados de manera simplista en relación al poderío de los cowboys, con encuadres salidos de Uruguay (1949) y Gauchos of Uruguay (1954), los videos de origen.
El montaje con monumentales fardos en la sala de la Fundación Cervieri Monsuárez, en José Ignacio. (FCM/Francisca Vivo)Montadas en monumentales fardos que construyen el espacio de exposición en la sala híper iluminada con luz natural, las obras acumulan más capas de sentido. Allí se condensa su reciente devoción por la pintura planista uruguaya, en especial de Petrona Viera, la primera artista mujer del movimiento, que conoció en el Museo de Artes Visuales de Montevideo. El proyecto se completa con una pieza coreográfica de brutal belleza creada en conjunto con un grupo de 12 performers locales que la interpretó en la segunda sala.
Porque aunque la inauguración haya coincidido de manera espeluznante con la realidad global, el trabajo de Segovia en Uruguay lleva varios meses. “Siempre me gusta hacer exposiciones que le hablen al público local. Como alguien de fuera que trata de involucrarse con una comunidad que no es la suya, me pregunto cómo dialogar con la historia sin tratar de explicarles su propia cultura, y una de las estrategias para salir de esa trampa es buscar material que funcione como un mediador con el espacio que voy a habitar”, explica Segovia a Clarín, el día posterior a la inauguración, un evento destacado en la agenda internacional de Punta del Este.
Equipo. Guadalupe Requena, directora; Ana Segovia junto a la curadora Magalí Arriola y los fundadores Virginia Cervieri y Pablo Monsuárez. En su proyecto inmediato anterior, en el Museo de Córdoba, España, se valió de una película filmada en México que tenía a Lola Flores de protagonista. “Me interesaba explorar la figura de la mujer flamenca en relación al cine y, al ser una película que mira desde México a España, pude posicionarme con distancia con su figura”, agrega.
Lo mismo sucedió en el caso de Uruguay. “Siempre parto del cine para mis investigaciones, porque mi pintura nace del encuadre cinematográfico”, admite. En su estadía en Montevideo, y antes incluso, comenzó a ver cine uruguayo y encontró películas históricas rioplatenses. “Pero casi por accidente en esa búsqueda caí con este pequeño documental que me pareció muy importante de retocar y más ahora debido a las tensiones geopolíticas que se están revisando en este momento: pensé que era una oportunidad y un reto atravesar un territorio desde la mirada imperialista”.
La llanura uruguaya, con la paleta de Ana Segovia.Se revela un gesto de apropiación velado por sus tintes didácticos. El gaucho uruguayo de los videos de propaganda de la “Política del Buen Vecino” que el presidente Roosevelt venía implementando como estrategia diplomática, se identifica con el vaquero norteamericano a través de la mirada hegemónica que el arte contemporáneo intenta desarticular.
Ambos, el gaucho y el cowboy, son abordados por Segovia como mitos fundacionales de la identidad nacional, a través de la ocupación de territorio y también de una construcción de género, otro de los ejes de su trabajo. Por ayudarla a entender “cómo vivimos en un mundo lleno de masculinidades”, agradeció al equipo completo de la Fundación, creada por la pareja de abogados Virginia Cervieri y Pablo Monsuárez, y dirigida desde marzo de 2025 por la argentina Guadalupe Requena.
“Al rascarle a cualquier identidad ves que está conformada siempre de varios cruces, más en países latinoamericanos poscoloniales con todo el bagaje que tenemos, el tipo de violencia que se genera a través de los genocidios, la ocupación”, define.
Los personajes de Ana Segovia interpretan su propia imagen ante la cámara. “Cuando me empiezo a obsesionarme en primera persona, de cómo me relaciono con la masculinidad y mi fascinación por estos héroes de la Nación desde muy chico, me encuentro con muchas preguntas, y desde hace varios años investigo cómo la figura nacionalista colonial siempre está encuerpada por una masculinidad muy idealizada, una ficción, un mito, que justifica las actitudes de cómo se va a conformar el país entero. En el caso de México tenemos el charro, que es un símbolo, pero que es también una figura patriarcal llena de una historia violenta, llena de mucho folclore, que esconde muchos mensajes”, argumenta.
“En Estados Unidos, parte del mito fundacional está en el plan de ir hacia el oeste, en búsqueda de la prosperidad y el héroe en el western siempre tiene que ver con la ocupación de la tierra, como justificando cómo se establece una nación”.
“En el auge del cine, cuando el cine empieza a convertirse en un medio muy popular, cumple un rol pedagógico, es el espacio perfecto para vender esa ficción. Pero no solo el western, el cine moderno sonoro de Estados Unidos tiene la figura del dandy, el entrepreneur: el sueño americano que está encuerpado por muchas figuras, que está producido hacia dentro para el consumo interno del país”. agrega.
Segovia identifica estos videos de propaganda como un antecedente de la «creación de contenidos» tan en boga en tiempos de redes sociales y virtualidad. Antes filmados por Columbia Pictures en Hollywood, ahora grabados por diversos creadores, pero todos definidos por una mirada. «Cuando revisamos el pasado y se nos presenta como un presente importante, creo que lo más relevante es ver hacia atrás».
La figura del gaucho uruguayo, en la pintura de Ana Segovia. 12 pares de botas y chaparreras
Tanto en las pinturas como en la performance emerge el lenguaje cinematográfico. Mientras que las pinturas a veces son detalles de fotogramas del video en blanco y negro que se exhibe en un televisor vintage en el ingreso a la sala, otras muestran el fuera de campo, como sucede en un paisaje de la llanura por la que dos hombres a caballo conducen a un rebaño de ovejas.
Para la performance, por su parte, en la sala del subsuelo se construyó un escenario que tiene un telón a medio subir que deja ver solo las piernas de una docenas de actores que interpretan variantes de la masculinidad, con botas y chaparreras, en un frenesí galopante al ritmo de una pieza sonora original e iluminación acorde. La pose del compadrito, un scrum de rugby, un duelo, un tango y un sinfín de ritos de iniciación se repiten durante 15 minutos, entre otras tantas referencias culturales y manifestaciones físicas de la masculinidad.
El espacio. En José Ignacio, convoca cada temporada al arte latinoamericano. Sobre el origen de esta pieza, de creación colaborativa, Ana Segovia dice: “Un momento crucial en mi vida y mi carrera fue encontrarme con el trabajo de Rita Segato, en especial el texto ‘Contra-pedagogías de la crueldad’ que habla sobre la corporación de los hombres y la violencia de intergénero para entender el problema del feminicidio, la violencia racista, cómo manifiesta la idea de que la primera víctima del patriarcado son los hombres mismos, que generan una cadena de violencia”.
Con esa pregunta en mente, a través del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE) de Montevideo, que lanzó una convocatoria para este trabajo, seguida de varios laboratorios de creación. El elenco resultó muy diverso, con intersecciones de género y clase, incluso de racialización.
“Quisimos partir una pieza que trata de encuerpar la violencia intergénero desde una metodología que abra a la participación, que pueda incluir las diversas experiencias que el elenco ha tenido en relación a la masculinidad monolítica”, explica. “Viniendo de tanta diversidad –personas trans, cisgénero y no binaries– fue muy importante que se construyera con una metodología que tratara de deshacer lo que íbamos a performar. Construir desde el cuidado, desde la ternura para poder desde un lugar consensuado performar una violencia. Y eso fue la cosa más enriquecedora que tuve en todo este proceso”.
La exposición The Office of Inter-American Affairs Presents: Uruguay, de Ana Segovia, se puede visitar hasta el 5 de abril de 2026, en Eugenio Sainz Martinez esq, 20000 Faro de José Ignacio, Maldonado, Uruguay.
